“La forma en que nos comunicamos con los demás y con nosotros mismos, en última instancia determina la calidad de nuestras vidas.”

(Anthony Robbins)

La comunicación es, si no el que más, uno de los actos que mayor parte de nuestra vida ocupan. Desde el momento en que nacemos nos comunicamos: mediante el llanto, los gestos, las caricias, las miradas… Y, posteriormente, mediante el lenguaje.

Al ser esencialmente seres sociales, el acto comunicativo es el punto de unión que tenemos con el mundo. Es importantísimo cuidarlo, alimentarlo de buenos hábitos y enriquecerse de él. Si lo hacemos, si conseguimos hacer un buen uso de la comunicación, estaremos en sintonía con nosotros mismos y con el entorno.

La comunicación solo puede llegar a ser plena y satisfactoria si empiezo por mí misma. Es esencial escucharme y entenderme para poder transmitir a los demás el mensaje de quién soy. Solamente cuando me conozca bien, sepa lo que quiero y lo que no y tenga la valentía de darme el tiempo para resolver mis “no-sé”, seré capaz de comunicarme de una forma asertiva. Respetaré a mis interlocutores porque me estaré respetando primeramente a mí misma.

“La diferencia básica entre ser asertivo y ser agresivo es la forma en que nuestras palabras y comportamientos afectan a los derechos de los demás.”

(Sharon Anthony Bower)

No se trata ni de imponerse ni de someterse. Nadie piensa mejor que el resto, ni peor. Todas mis opiniones son válidas si las manifiesto con la convicción de ser fiel a mis principios, que son igual de válidos y respetables que los de la otra persona. La interlocutora agresiva se expresará siempre fuera de lugar, con gestos (miradas, muecas, movimientos) y palabras probablemente insultantes o humillantes para con el resto. La interlocutora sumisa se expresará poco y con indecisión, no dará a sus argumentos el peso que merecen y no se defenderá en caso de confrontación

El encuentro del equilibrio en el proceso comunicativo, el encuentro de la asertividad, empieza y se basa siempre en la autoestima. Debo tener una autoestima alta para poder presentarme al mundo como soy y defenderme de aquellas personas que pretendas imponerse. La defensa saldrá siempre desde el respeto y la serenidad, pues la interlocutora agresiva no me influye, pero no me voy a dejar ningunear.  

Si me doy el tiempo de conocerme, si doy a mis pensamientos y emociones la importancia y el lugar que merecen, voy a ser capaz de expresarlo con valentía y certeza, y se va a entender mi mensaje. Date el tiempo, la importancia y el lugar que mereces y el resto de piezas del puzle se colocarán solas.

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