“Lo más revolucionario que una persona puede hacer es decir siempre en voz alta lo que realmente está ocurriendo.” (Rosa Luxemburgo)

Hoy me he despertado de madrugada, angustiada, triste y con ansiedad. Un sinfín de problemas cotidianos se han apoderado de mi mente y han tomado el control. “Vaya, hasta aquí mi tiempo de sueño de hoy” – he pensado.

Estos momentos de bloqueo y saturación, mi cuerpo los combate con lágrimas. Pocas o muchas. Silenciosas. Enormemente sanadoras.

“¿Estás bien?”. Su voz, que rebosa amor y cariño cuando me habla, que me abraza y me protege hasta desde la distancia, me ha dado todo el oxígeno que necesitaba. “Tengo frío” – he mentido. Y me ha abrazado tan bonito que me ha quitado el frío, la tristeza y la angustia con la mejor de las medicinas: el AMOR.

“Qué bien tenerte, soy enormemente afortunado” – me ha dicho. Me ha besado el pelo con dulzura y se ha vuelto a dormir.

No he podido evitar pensar en qué día es hoy: 25 de noviembre, día de la eliminación de la violencia de género contra la mujer. Y me hubiese encantado poder compartir ese amor tan potente que se había generado, con cada una de vosotras. Con las que sois felices y con las que sufrís, porque JUNTAS SOMOS INVENCIBLES.

Ojalá llegue alguna vez un 25 de noviembre donde solamente se celebren cumpleaños, aniversarios o bodas. Ojalá no sea necesario que nos unamos para condenar la barbarie o defender lo evidente. Ojalá los monstruos desaparezcan y con ellos el miedo y la violencia que generan.

Ojalá tú, yo, nosotras, abrazadas con el alma y derramando lágrimas de las dulces. Que los problemas sean otros y que los cure el amor. Que levanten la mano para apartarnos con cariño el mechón que se ha desprendido y que nos besen las heridas que la vida, y no ellos, nos han hecho.

Hasta entonces, aquí tienes mi mano, amiga, por si necesitas fuerzas cuando creas que no te quedan. Cuando no sepas dónde agarrarte, mi brazo estará fuerte sujetándote. Y si ya no estás aquí con nosotras, viviré por ti cada día de mi vida. Porque quiero que ser valiente no signifique luchar por sobrevivir, sino por los sueños.